martes, 23 de junio de 2026

Punto de quiebre ‎

 


‎La presión terminal que le imprimió a su cabeza con ambas manos diagnosticaba la inminencia del quiebre; sus globos oculares parecían átomos suspendidos a punto de estallar. 

‎Sobre el cemento del laboratorio, el líquido que contenía el tubo de ensayo se derramaba en micropartículas. 

‎¿Quién se presiona así la cabeza cuando sabe que lo que está a punto de romperse no es el vidrio, sino él mismo?

domingo, 7 de junio de 2026

Lo que está muerto dentro de mí

 


‎Llegó entre la espesa oscuridad de mis pensamientos, sus pupilas húmedas se hicieron enormes y redondas. De ellas escapaba un brillo verdoso. Me robó la visión por completo.

‎¿Tus ojos también lograron oler mi sangre helada?

sábado, 6 de junio de 2026

Las manos que sostenían ‎

 


‎Envolvió, amorosa, la mano hinchada entre las suyas. Tras el beso sufrido de su última bendición, supo que ya se había marchado.

‎¿Acaso quien se fue no se llevó también el corazón de las manos que lo sostenían?

miércoles, 3 de junio de 2026

‎El pedacito de papel que nunca fue carta

 


‎El pedacito de papel está manchado de tristeza. 

‎Las palabras dibujadas en su piel sudan nerviosas tartamudeando decisiones; no verdades ni sentimiento, solo decisiones.

‎Desplanchado esconde su vergüenza detrás de la caja de cigarrillos, la billetera rebosante de facturas por pagar y los dos metros de soga que aún olían a piel y a esperanza estrangulada.

‎La mujer, frotando sus manos sudorosas, observa con firmeza la bolsa de plástico transparente sin siquiera prestar atención a las explicaciones del funcionario de turno. 

‎Ella no sabe qué pensar, no sabe qué declarar, no sabe cómo mentir. 

‎Devuelve la bolsa sobre el escritorio oxidado del funcionario. El papelito coquetea con sus ojos, la invita a que lo acaricie; manipula sin saberlo sus pensamientos. 

‎La mujer inhala un golpe de aire para llenarse de valor, recoge nuevamente la bolsa, abre el precinto de seguridad y con un movimiento brusco pero certero hace salir el diminuto documento.

‎Intenta estirarlo con sus dedos decorados con uñas color carmesí... se entera, entonces, del mensaje que la haría desvanecerse sobre el pálido piso de la comandancia policial: «Es un privilegio poder elegir el momento para decirte adiós».

‎¿Puede más la decepción que una promesa de amor?

domingo, 24 de mayo de 2026

Grito silencioso


La tarde hierve en espeso calor. El aire es pesado con olor a vegetación calcinada. Sus pieles son un manto húmedo y pegajoso que chorrea electrolitos sin control.


‎Elena ubica la silla extensible a la sombra del árbol de mangos procurando una comodidad casi imposible.


‎Él, pensativo, se encuentra sentado en el sofá de la sala. Su mirada parece estar perdida en algún punto de la nada, en ese universo indefinible que solo puede ser percibido por la imaginación cuando la mente aguda se expande en una profunda reflexión ante el dilema de una decisión necesaria.


‎Sobre el techo de la casa de dos habitaciones, sus nietos juegan desprevenidos sin que ninguno de los dos tenga conciencia del peligro de una caída. 


‎Sus tardes las ha ocupado en sentarse en ese sofá remendado, mientras  piensa en aquella pregunta que levita en su cabeza y en la respuesta postergada que se repite día a día:


‎—No voy a hacerlo, ¡ni pensarlo!


sábado, 23 de mayo de 2026

‎El dinomultígrafo devorador de hojas ‎

 

En la claroscura penumbra administrativa de la dirección de la escuela «19 de Julio», resguardado entre rejas y una puerta de metal, habita —oculto a la mirada de los curiosos niños— un ser de engranajes al borde de la extinción. Es el último demiurgo de la era predigital. Un monstruo robusto, de hierro fundido color gris carbón industrial, hambriento de tinta, papel e instrucciones por multiplicar. Una bestia cuyo único destino era documentar, con precisión mecánica, el caos educativo.

‎Su operadora, la secretaria, lo alimentaba con esténciles sazonados con la firma y sello de la directora, hojas blancas vírgenes y una tinta negra como el corazón del sol que ardía puntual todas las tardes a la 1:00 p.m., hora sagrada de su merienda.

‎Hasta que una tarde, el dinomultígrafo enfermó de realidad.

‎—Clac, clac, clac—rugía, vomitando hojas amarillentas impregnadas del olor a formulario, planilla y lección muerta.

‎La secretaria lo observó, asombrada. El demiurgo no se había roto; se había rebelado. En lugar de copias nítidas, escupía el cansancio acumulado de años de repeticiones.

‎¿Acaso este aparato no fue el primer algoritmo: una máquina que repetía, mil veces, la misma orden, esperando que el mundo escolar, de tanto leerla, terminara por creerla?

miércoles, 20 de mayo de 2026

Claustrofobia adiposa

 


Diego viaja en el bus. Sus ojos, enturbiados por el sol ardiente, observan el jurásico urbano que transita tras la ventanilla: dinosaurios de concreto y algoritzombis buscando qué consumir en la espesa selva de locales y comercios.


Dentro del maltrecho vehículo todo huele a gasolina y humo. A su lado, una mujer deja caer todo su voluminoso cuerpo: jadeante, sudorosa, con olor a perfume barato. Diego siente una fuerza descomunal que, impiadosa, lo empuja contra el vidrio. Respira con dificultad al tratar de acomodarse, pero no lo logra.


En un instante de pánico, Diego ya no sabe dónde termina su cuerpo y dónde empieza el de ella. Los sudores se mezclan, los olores se confunden. Él ya no es un hombre junto a una mujer; son una sola masa jadeante de carne urbana.


¿No somos todos, en el hacinamiento de la existencia, apenas órganos de un mismo cuerpo enfermo, respirando el mismo aire envenenado?

martes, 19 de mayo de 2026

‎El misterio de las cucharas ‎

 ‎


En la cocina del colegio Virgen María empezaron a desaparecer cucharillas. Una, dos, cinco. La señora Socorro revisó las papeleras de basura, los bolsillos de los delantales, hasta el fondo del tanque de agua. Nada.


‎Luego siguieron los tenedores. En tres días, solo quedaron los cuchillos.


‎—Esta noche me quedo —dijo el señor Yfraín, armado con una linterna y un termo de café negro.


‎A las dos de la madrugada escuchó un tintineo. No venía del lavaplatos. Venía del suelo. Alguien —o algo— arrastraba los cubiertos por el piso de la cocina. Se asomó con mucho temor.


‎La oscuridad era espesa. Pero pudo ver las cucharillas y los tenedores moviéndose solos, formando un círculo perfecto. En el centro, algo con pelos rojizos se removía. Algo con colmillos y hambre.


‎El señor Yfraín gritó.


‎Al día siguiente, encontraron su termo vacío y una cucharilla clavada en la puerta del horno.


‎¿Y tú, no has visto nada misterioso en la cocina de tu casa al caer la noche?

domingo, 17 de mayo de 2026

‎La parada final ‎

 


‎Las palabras levantadas que excretaba la mujer herían de silencio al bullicio, con punzantes insultos dirigidos al hombre inerte, quien sin querer había depositado su peso sobre uno de sus pies. Allí quedaron sus dedos maltrechos con el esmalte rojo desconchado.

‎Dentro del vehículo de uso común para los desvividos, todos los pasajeros eran cuerpos multiformes luchando por ganar algo de oxígeno mientras eran encajados en un espacio sin lugar.

‎Una vez que llegaron a la parada de destino, la frustración de la mujer se hizo evidente cuando los cuerpos inertes fueron sacados de la furgoneta para ser examinados dentro de la morgue.

‎¿Y tú, lector, vas en esta furgoneta sin saberlo?

sábado, 16 de mayo de 2026

El infarto que le dio la libertad

 


«El único tráfico que nunca tuvo embotellamiento fue el de la soledad callada.» — Rodolfo Isaac Méndez, de El infarto que lo liberó 


El corazón—una masa sólida de soledades—yacía congestionado. Por sus arterias lipidosas circulaba, a la fuerza, un espeso líquido bermejo.

Finalmente, colapsó. Estalló en una repentina erupción que fue un golpe potentísimo en el pecho: un grito ahogado en la garganta pero dibujado en el rostro por el dolor. Y allí, flácido, cayó.

Quedó vencido, no por la muerte, sino por la vida que eligió: ancha de apetitos y estrecha de abrazos. Un diseño urbano existencial donde el único tráfico que nunca tuvo embotellamiento fue el de la soledad callada.

¿Acaso todo infarto no es, en el fondo, la rebelión final de un órgano que se niega a seguir bombeando una sangre espesada por las ausencias?

viernes, 16 de enero de 2026

Mi libreta «Mjölnir»


En un acto subversivo, mis demiurgos creativos me imponen bautizar mi libreta de notas literarias con el nombre de «Mjölnir» —el martillo de Thor—.

¿Somos nosotros quienes sostenemos el martillo, o es el peso de las ideas no escritas lo que finalmente nos sostiene a nosotros?

miércoles, 14 de enero de 2026

Amorosamente sometido


Es tan avasallante esa sensación supraterrenal que me eleva a la máxima inspiración. Es tan potente que resulta una tarea titánica traducir el mensaje al idioma manejable del ser humano.


¡Ojalá puedan entenderme!


martes, 13 de enero de 2026

Cada mañana


Cada mañana transito los mismos caminos sedosos de áspero asfalto hacia el colegio. Apresuradamente me detengo a comprarle café a un buen hombre que se ubica en una esquina de la plaza Bolívar de Guacara. Mi rutina es conversar con algunos trabajadores que realizan el aseo en la ciudad, gente humilde y llena de sabiduría. Me reconozco ignorante; por eso, mis sentidos se mantienen en alerta para aprender de todos y uso ese conocimiento para inspirar mi caótica escritura.

jueves, 25 de diciembre de 2025

«Un nuevo viaje a las raíces: Anuncio de mi próximo libro 25 años de recreo»


Queridos lectores, colegas y cómplices de esta bitácora literaria.

Hoy quiero compartir con ustedes la semilla de un proyecto que ha estado germinando en mí durante algún tiempo y que, por fin, tomará forma de libro a lo largo del 2026. Se titula, provisionalmente:

«25 AÑOS DE RECREO: Memorias de un maestro venezolano»

Este no será un tratado pedagógico, ni un recuento cronológico de logros. Será un viaje a los intersticios de la escuela venezolana, a esos espacios entre timbre y timbre donde ocurre la verdadera educación: el patio, el salón, los pasillos, y los silencios cargados de preguntas.

¿De qué tratará?

De la geografía íntima de las aulas de la Escuela Básica Estadal «19 de Julio» y un poquito de la Unidad Educativa «Aragüita» ubicadas en el municipio Guacara del estado Carabobo, Venezuela. De los rostros de niños que, en medio de la precariedad, me enseñaron lecciones de resiliencia y creatividad que no vienen en ningún manual o currículum. De los colegas que se convirtieron en faros, de los padres que llegaron con las manos vacías pero el corazón lleno, y de las grietas —tanto en las paredes como en el sistema— que han definido nuestra realidad educativa.

Escribiré sobre el olor a tiza, a marcadores acrílicos y esperanza, sobre el peso del morral, sobre la elocuencia de un dibujo infantil en una hoja rota. Será un libro hecho de retazos de vida, de anécdotas que son pequeñas epopeyas, de momentos en que la enseñanza dejó de ser un verbo para convertirse en un acto de resistencia y cuidado.

Me guiarán dos voces que resuenan profundamente en este viaje:

«La educación no cambia el mundo: cambia a las personas que van a cambiar el mundo.»

— Paulo Freire


«Creo en los poderes creadores del pueblo.»

— Aquiles Nazoa

Este libro será, en esencia, un testimonio de esos poderes creadores que florecen en el aula contra viento y marea, y de la convicción de que cada niño, cada representante, cada maestro, cada persona transformada por la educación, lleva consigo la posibilidad de un cambio mayor.

¿Por qué lo anuncio ahora?

Muchos de ustedes han sido alumnos, docentes, representantes. Estas memorias también son, en parte, las suyas. Los invito a acompañarme en este camino de escritura, a compartir —si lo desean— sus propias experiencias, sus recuerdos en las escuelas «19 de Julio» y «Aragüita», sus reflexiones serán bienvenidas como ecos de una conversación necesaria.

El libro está en su fase inicial de estructura y escritura. En esta bitácora iré compartiendo, de vez en cuando, algunos destellos del proceso: una imagen, una anécdota breve, una reflexión en voz alta. Sin quemar el texto final, pero construyendo juntos la expectativa de un relato que aspira a ser, por encima de todo, un homenaje honesto al oficio más hermoso y difícil del mundo: el de ser maestro.

Gracias, como siempre, por leerme y por ser parte de esta comunidad.

Con afecto en el corazón,

Licdo. Rodolfo Isaac Méndez


viernes, 19 de diciembre de 2025

Sinopsis literaria: «Tres cosas que lo hacen auténticamente feliz» – Un manifiesto íntimo»

Sinopsis literaria: «Tres cosas que lo hacen auténticamente feliz» – Un manifiesto íntimo»


En el centro de un universo personal finito pero vibrante, donde las ideas brillan como estrellas fugaces en medio de una luz demasiado cruda, se libra una batalla silenciosa por el sentido. «Tres cosas que lo hacen auténticamente feliz» no es un simple listado, sino un microrrelato que funciona como carta de navegación existencial y manifiesto estético de su autor.

Con una prosa que entrelaza lo cósmico y lo cotidiano, el texto revela los tres sacramentos que sostienen un equilibrio precario: el acto de escribir lo no dicho, el arte de leer lo no escrito, y el ritual de una pausa líquida que media entre ambos. Lejos de ser un ejercicio de autoayuda, esta tríada se presenta como un frágil armisticio en la guerra perpetua por interpretar el caos de la existencia.

La pregunta final, tan característica de la voz méndeziana, no busca una respuesta sencilla, sino exponer la paradoja central de la búsqueda humana: ¿es la felicidad acaso el alto al fuego momentáneo entre nuestro terror al sinsentido y nuestra necesidad desesperada de encontrarlo?

Autor: Rodolfo Isaac Méndez 

Género: Microrrelato filosófico / Metaliteratura

Temas: Felicidad como equilibrio, creación literaria, rituales cotidianos, búsqueda de sentido.

Técnicas destacadas: Oxímoron («faros de oscuridad»), hipérbaton, tríada conceptual, pregunta final disruptiva.

Estado del texto: Texto concluido. Actúa como pieza clave y declaración de poética dentro del proyecto en desarrollo «Óptica de lo opaco».

jueves, 18 de diciembre de 2025

Sinopsis literaria: «El infarto que le dio la libertad»


En un cuerpo que se había convertido en su propia cárcel, un corazón agotado de latir contra el silencio libra su batalla final. «El infarto que le dio la libertad» es un microrrelato que transforma un evento clínico en una poderosa metáfora existencial.

A través de la anatomía de las decisiones humanas, el texto explora la congestión vital de una vida elegida a medias: ancha en deseos superficiales pero estrecha en conexiones auténticas. Con un lenguaje que oscila entre lo médico y lo poético, el relato disecciona la paradoja última: aquello que parece un colapso puede ser, en realidad, la única forma de rebelión posible.

¿Hasta qué punto nuestro cuerpo físico se hace eco del diseño emocional de nuestra existencia? Este texto condensa esa pregunta en una imagen visceral e inolvidable, coronada por una de las reflexiones más incisivas sobre la soledad contemporánea.

Autor: Rodolfo Isaac Méndez 

Género: Microrrelato filosófico / Realismo metafórico.

Temas: Soledad, decisiones vitales, cuerpo como territorio emocional, libertad.

Técnicas destacadas: Oxímoron, metáfora extendida, pregunta final disruptiva.

Estado del texto: Forma parte de la colección en desarrollo para el año 2026 «Óptica de lo opaco» y se encuentra en proceso de evaluación para publicación en revistas literarias especializadas.


lunes, 8 de diciembre de 2025

La moneda

 


Al buscar el caramelo en su bolsillo la moneda se enredó entre los dedos, salió enérgica pero lentamente rodando sobre la acera. Intentó recapturarla en su huida nerviosa, sin embargo brincó hacia la libertad del inframundo de la alcantarilla; colmada de hojas secas y de desperdicios arrojados por la frenética gula que dejan los zómbicos caminantes citadinos.

Su rostro se desdibujó en una amalgama de preocupación e ira.

¿Acaso no soltamos nuestros mejores sentimientos, para que huyan y se pierdan en la alcantarilla del mundo, mientras nos quedamos con el vacío de no recibir nada a cambio?

domingo, 7 de diciembre de 2025

El loco You («Harry Pote»)

 


«El Demiurgo original no era sabio, solo esquizofrénico.» — Rodolfo Isaac Méndez, de «Acto méndeziano»


Bajo el sol urbano que castiga sin piedad se pasea vibrante Ricardo Gil, un demiurgo con zapatos polvorientos.

Su pelo, una maraña de cables que desafía la brisa al subir y bajar rápidamente de las busetas, en las cuales exhibe su excéntrica personalidad, típica de su esquizofrenia.

Lentes de marco grueso con inexistentes cristales, funcionan como ventanas abiertas que invitan a penetrar a un mundo curioso. Su sonrisa amplia conecta con el público al guiñar un ojo enrojecido.

—¡Adivinen qué, maricos! —vomita la broma que siempre funciona.

La mitad de los pasajeros suelta una carcajada cómplice. La otra mitad se funde con el paisaje urbano por la ventana.

«Harry Pote», como se hace llamar, también lleva en sus ásperas manos, un pote o tobo de plástico, como un accesorio cotidiano donde atesora su Cocuy de Penca y las contribuciones que recibe como diezmo por sus chistes vulgares y una que otra adivinanza suelta al azar.

Su piel, tatuada por trazos de vida, cuenta sin palabras una historia sufrida a la cual recientemente anexó una larga cicatriz en su pierna derecha como testimonio silente de un terrible arrollamiento motociclístico. Camina con torpeza, pero su ritual no se interrumpe.

Y como telón de fondo una ciudad, Valencia la novia del Sol, no lo mira: lo soporta.

¿Quién enseña más moral en esta ciudad: el loco que vende sus verdades a gritos, o los cuerdos que las compran con monedas y silencio?


viernes, 5 de diciembre de 2025

Algo está ocurriendo tras tu sombra

 


"Tomó el lápiz que escribía no palabras y compuso como si un demiurgo lo observara desde una grieta en el cielo, esperando a que lo sorprendiera."

— Rodolfo Isaac Méndez, de «Acto méndeziano»


Déjate conducir entre el espesor transparente de tu transitar. El demiurgo que te lleva atado a su áspera mano está atento a cada paso ciego de tu lento andar y a cada explosivo pensamiento cargado de palabras densas, deseosas de manchar los caminos boscosos de vírgenes papiros.

¿Acaso el único destino del escritor no es perderse, una y otra vez, en el bosque de sus propias sombras, para regresar con las manos sucias de tinta y el alma llena de niebla?

miércoles, 3 de diciembre de 2025

El delito de desconectar la estupidez

 

Una familia cenando en silencio, sus miembros dispersos entre los descuajeringados espacios de la casa: Camilo, en su habitación; Katerin, su hermana de quince años, en el sofá de la sala; mamá en la cocina, y papá en la sala de estar; cada miembro abstraído en sus amorosos móviles como demandan las leyes de la sociedad.

Camilo, con sus nueve años, empieza a dar señales preocupantes de una condición que los especialistas llaman «Neuro Normalidad».

En la escuela, Camilo es observado atentamente por las cámaras conectadas por wifi a los implacables algoritmos, ya que en ocasiones ha intentado el contacto visual prolongado con sus profesores y establecer conversaciones interesantes con algunos compañeros.

Hace unas semanas fue enviado al Departamento de Desorientación porque le habían confiscado un libro de papel escondido en su morral, violentando claramente las sagradas normas del «Manual de no interacción humana» del centro educativo.

Otro día, en el baño del colegio, un niño le contó a Camilo: «Mi abuelo dice que antes la gente se abrazaba».

Era el primer hereje que conocía.

Audaz, en la clase de Silencio Activo, intoxicó a todos sus compañeros expresando a voz alta un juicio crítico sobre el exceso de las clases de redes sociales, activándose de inmediato el protocolo de emergencia escolar. Camilo fue llevado ante la directora, una mujer de mirada ensimismada, de tez arrugada y expresiones amargas. Ella, sin mostrar piedad, hizo citar a los descuidados representantes del escolar.


En la reunión, sus padres se sintieron asombrados y, sobre todo, avergonzados al oír el informe recitado por el supervisor de conductas: el algoritmo escolar mostraba un gráfico colorido de las interacciones típicamente humanas de Camilo.

—Su hijo—agregó la directora, visiblemente incómoda con la situación— presenta un 89% de conexión visual prolongada, algo moralmente inaceptable en nuestro prestigioso centro educativo.

—Lo más preocupante —continuó— es que el lunes intentó consolar abrazando a un compañero que lloraba. Eso es claramente un diagnóstico de «Neuro Normalidad Grado 3».


La madre, angustiada, apretó su teléfono de alta gama y preguntó:

—Directora: ¿Hay remedio para esta enfermedad?

—Sí — respondió la regente con la mirada aún más extraviada—, terapia de desensibilización empática. Si no se cura, les quitaremos el subsidio digital... —Sentenció sin titubear.

Pero tú, al leer esto, ¿no crees que el crimen más peligroso siempre será recordar la humanidad que perdimos, víctimas de la alucinante dictadura del algoritmo?

martes, 2 de diciembre de 2025

300.000 kilómetros por segundo

 


En el patio trasero, entre el olor a gallinero y a orine de chivos que solo a él le agradaban, Alberto había improvisado su taller clandestino. Una débil fortaleza de tablas podridas y zinc oxidado, escondido tras la mata de mangos como un secreto que todos conocían. Allí, lejos de la mirada de su madre —atenta a sus travesuras terrenales—, construía su nave espacial de chatarra y sueño: un cohete para navegar el vecindario desconocido del Sistema Solar.

Sus cómplices: Carlos, su hermano mayor de quince años; Ana Sofía, la vecina de catorce que olía a jabón azul; y José Ángel, el compañero de cuarto grado que creía en los planos dibujados en el cuaderno de matemáticas. Todas las tardes, después de la escuela, se encerraban en aquel útero de sombras y latón, manipulando tornillos, cables y planos mal dibujados.

Alberto, cada noche, no rezaba al Ángel de la Guarda, sino que conversaba imaginariamente con Einstein sobre la gravedad, el espacio y la luz. Sus plegarias eran cálculos: la elipsis de una órbita, el hipérbaton de un cable suelto.

El sábado en la mañana, llenó el tanque de la nave con estiércol de chivo fermentando, se colocó su casco —un tobo pintado de plateado— y accionó el interruptor. El patio estornudó, luego rugió, luego se desgarró en un silencio azul. Despegó. No con elegancia, sino con violencia . Sus cómplices lo vieron convertirse en un punto sobre sus cabezas, luego en un mito, luego en nada.

El viaje duró un día, o un parpadeo de un Demiurgo distraído.

Al regresar a aquel patio polvoriento todo era un espejo empañado por el transcurrir inclemente del tiempo. La casa se había encogido. Su hermano Carlos, ahora un hombre de cuarenta años con los ojos gastados, lo miró sin verlo. Su madre, una anciana de ochenta años cuyas arrugas eran mapas de países que Alberto no había pisado, murmuró desde la puerta: "¿Quién es ese niño sucio?".

Alberto, todavía con el olor a estrellas, lunas y cometas entre la ropa, hizo los cálculos finales. Su tiempo se había detenido y el de todos los demás había seguido corriendo.

¿Regresarás tú cuando por fin dejes de viajar?

sábado, 29 de noviembre de 2025

El tercer clavo en el ataúd

 


¿Por qué clavas tres oxidados clavos en el ataúd de mi madre? —le pregunta Francisco al sepulturero.

—Para que su cuerpo incorrupto no salga —le responde, con rostro cálido-frío y el cigarrillo encendido en la boca.

Francisco, extrañado con la respuesta recibida, le pregunta nuevamente:

—¿Acaso piensas que mi madre es un zombi? Ella fue una cristiana entregada a Dios.

—¡No! —respondió el sepulturero, dejando descansar el martillo sobre el ataúd con olor a formol—, solo que hemos tenido reclamos de que los cadáveres que tienen miedo a morir se escapan buscando el consuelo en el más acá.

Francisco, desconcertado, dibujó la cruz sobre su frente —aunque nunca iba a misa y menos leía la Biblia— diciéndole al sepulturero:

—Por favor, coloca siete clavos más.

¿No seremos nosotros, los vivos, los que clavamos nuestros corazones en ataúdes de costumbre por miedo a vivir?

jueves, 27 de noviembre de 2025

Acto méndeziano

 

«El primer hechizo fue una línea escrita sobre el vacío.» — Del «Manuscrito de la Grieta», atribuido a un demiurgo anónimo.

Tomó el lápiz que escribía no palabras y compuso como si un Demiurgo lo observara desde una grieta en el cielo, esperando a que lo sorprendiera.

¿Acaso todo acto de creación verdadera no es, en esencia, un «acto méndeziano»: un hechizo lanzado contra la indiferencia del demiurgo?

martes, 25 de noviembre de 2025

El cadáver que tenía miedo a morir

 


«En la oficina del Registro Civil le negaron el Acta de Defunción: "Aún muestra signos de angustia existencial, señor. Vuelva cuando esté completamente muerto".»

— Funcionaria de la taquilla #3


Don Eusebio cumplió 76 años sin invitados. Sus únicos compañeros: el gato Óscar y el rencor acumulado en su habitación de la 3era calle del barrio «19 de Julio». La familia era un recuerdo lejano ya olvidado; los vecinos, fantasmas a los que saludaba brevemente durante su ritual matutino de ir a comprar el pan y los cigarrillos.

Aquella mañana, un silencio anormal lo despertó a las 4:00 a. m. Los gallos del patio de atrás no cantaron. Se sentó en el borde de la desgastada cama, cubrió sus delgados pies con las chancletas «petroleras» reparadas con trozos de alambre, en la manchada poceta miccionó con gotas de dificultad y puso a hervir agua en la olla encarbonada. El aroma del café se expandió por la habitación igual que cada madrugada.

Al encender su segundo cigarrillo, una fatiga brutal lo dobló sobre la mesa. Apoyó la cabeza en los brazos y se hundió en un sueño profundo.

Cuando despertó —siete días después—, el primer intento de respirar fracasó.

Sus pulmones no se expandían. Un frío sepulcral helaba su envejecida piel tatuada por las marcas del tiempo, sus poros no sudaban al calor del sol. Frente al espejo percibía en su rostro una palidez cadavérica. Fue entonces cuando lo supo: había muerto, pero su cuerpo inútil se negaba a aceptarlo.

¿Y tú? ¿Ya revisaste tu propio pulso existencial? Recuerda lo que dice la taquilla #3: solo cuando estés completamente muerto, y ya no sientas nada, podrás hacer el trámite final.

domingo, 23 de noviembre de 2025

El naufragio del primer borrador


— Algoritmo compasivo, 2024

«Hasta Borges sufría con los primeros borradores.»

De pronto, la mente se sobreexita bajo el asedio de imaginaciones difusas. La luz roja del semáforo de la avenida mental se enciende advirtiendo que debe imponer orden al caos de ideas que chocan contra su mástil.

Toma la pluma, intenta escribir en el cuaderno de notas, pero solo manan gotas que no manchan.

Se decepciona una vez más, abandona sus claroscuras páginas a su desgraciada suerte; esperaba domar su caos, pero el papel rechaza mancharse de trazos significantes, sus ojos leen solo la nada.

¿Acaso reiteradamente un borrador no es este naufragio glorioso donde aprendemos a nadar en nuestros propios restos?


domingo, 16 de noviembre de 2025

El lápiz que escribía «no palabras»

 

Abrió con entusiasmo la cartuchera de Spider-Man. El lápiz misterioso no estaba. Por segunda vez, la vacío por completo sobre el pupitre: solo había virutas, sacapuntas que se negaban a afilar y muchos soldados coloridos caídos por tantas batallas escolares vividas. A la tercera vez, con movimientos desesperados, solo encontró el vacío.

Fue entonces cuando lo supo: el lápiz misterioso nunca había estado en la cartuchera.

¿Y si el lápiz no se perdió, sino que se fugó para reescribir tu propia infancia?

martes, 11 de noviembre de 2025

Amor propio

 


Mientras relee su nombre, más se enamora de su ausencia de identidad, una página aún en blanco.

¿Acaso el verdadero amor propio no comienza cuando dejas de aferrarte a quien creías ser?"

lunes, 10 de noviembre de 2025

Oración al Padre Algoritmo

 


Bill se arrodillaba cada noche frente a su altar —su teléfono celular— y recitaba la oración reglamentaria:

«Padre Algoritmo que esclavizas nuestras mentes, santificada sea tu Conexión; 

venga a nosotros tu señal estable; hágase tu verdad en el servidor como en nuestras escuelas. 

Danos hoy la velocidad que necesitamos cada día; 

perdona nuestro pensamiento crítico, como también perdonamos a nuestros profesores cuando nos aplazan; 

no nos dejes caer en la falta de megas, y líbranos del apagón. Amén.»

Esa noche, mientras el sistema se recargaba, él instaló el virus más peligroso: uno que enseñaba a dudar.

¿Y tú, que recitas esta oración por obligación, no sientes también la necesidad de cambiar el Amén por un por qué?

domingo, 9 de noviembre de 2025

Latido anticrítico

 

El Dr. Número 5 administró 10 mg de la dosis «revolucionaria» por vía intracerebral. Pero cuando el niño señaló la ventana y preguntó: «¿Por qué el cielo es realmente azul y no rojo como me enseñaron en la escuela?», sintió una picazón extraña detrás de la oreja izquierda. Su chip de patria algorítmica emitía un sonido que no escuchaba desde hacía mucho tiempo: su propio corazón palpitaba por la emoción de una verdad prohibida.

¿Y tú, cuándo fue la última vez que una simple pregunta, prohibida por el algoritmo y el miedo, te hizo sentir el latido de tu propio corazón?

sábado, 8 de noviembre de 2025

¿Vale el oro la lealtad?

Las agujas del reloj, agridulces, consumieron la alianza. Cuando el fantasma de la nada apareció, vacío; rebosante de soledad, solo quedaron dos corazones pulverizados. El oro, ya inútil, tan solo brilló por última vez en la oscuridad.

viernes, 7 de noviembre de 2025

La paradoja de la locura

 


Despertó y oyó una voz muda que le susurra: alguien te quiere envenenar. Se sienta a desayunar a tu lado y observa un gesto extraño en ti que confirma su sospecha. Sigilosamente se retira de la mesa y ve su imagen marchita reflejada en el oscuro espejo del comedor; su propio cuerpo le es ajeno. De inmediato siente insectos amorosos bailando debajo de su piel; ese es su poder especial para derrotar a sus conspiradores. 

¿Acaso el peor veneno no es la realidad, y la locura, el único antídoto verdadero?


jueves, 6 de noviembre de 2025

Para entrar al cielo debes ser un gato


Desde la rendija de la puerta, Hugo (el gato) observa caer a los humanos por el acantilado de su propio fracaso, perturbados por su obsesión salvadora.

¿No saben que para entrar al cielo primero hay que aprender a ronronear ante el misterio?


miércoles, 5 de noviembre de 2025

La mirada del psicópata

 

La mirada del psicópata 


Él es un lago helado; parece atento, incluso intenso, pero su profundidad es un vacío sin contenido emocional. Evita conectar la mirada, te observa y escanea. Es un algoritmo puro que procesa datos, no emociones. Planifica su ataque a la existencia según sus reglas. En su mente no hay ruido de culpa. 

¿Estás preparado para ser la siguiente víctima de su lógica? 

lunes, 3 de noviembre de 2025

Dile que ya no amas

 

Dile que ya no amas. Di que tu corazón ha muerto, que el alma ha huido de tu ser, que lo que fue ya borrado por el tiempo, quedó. Di que el amargo amor que sentías se desvaneció entre la cálida niebla de la madrugada. Confiesa que liberas tu existencia para volar hasta el Infinito que ya no llora. ¿O acaso este discurso de liberación es la última y más bella prisión que te construyes?

domingo, 2 de noviembre de 2025

Geografía póstuma

Por los pies, el cadáver siente subir ese frío aterrador que va desconectando cada nervio de su coraza vencida. Mientras el hormigueo helado le robaba los dedos, alcanzó a ver cómo ella, su amada, limpiaba con un trapo la sangre que acusaba a sus manos. 

¿Qué ve un muerto con más claridad en su primer minuto de muerte que en toda su vida?



viernes, 31 de octubre de 2025

Las inmortales

 

Las amigas inmortales coleccionan arrugas como heridas de guerra y guardan sus risas, con fecha de caducidad, en frascos de cristal. Cuando el párroco bendice sus canas, ellas sonríen con la sabiduría que solo ofrece lo vivido. ¿Será que la eternidad no es el cielo, sino seguir bebiendo café venezolano mientras el mundo se derrumba?

jueves, 30 de octubre de 2025

¿Por qué llora el estudiante?

Desde los pies un vapor helado recorre su cuerpo, el corazón palpita lentamente, una presión ahogante se expande en su esquelético pecho dificultando el ingreso de oxígeno... todo por el papel que sostiene entre sus largos y temblorosos dedos que le hace ver premoniciones catastróficas sobre la reacción de sus padres. ¿No será que toda jaula, incluso la de un examen, tiene barrotes de miedo? 

miércoles, 29 de octubre de 2025

Resulta que eres «nada»

 

La pregunta no es si eres «nada», sino cómo habitas esa «nada». Resulta que eres «nada» para el algoritmo, resulta que eres «nada» en tu fotografía que nadie likeó, resulta que eres «nada» en tu ciudad, resulta que eres «nada» para tu pareja que te engaña con otra alma, resulta que eres «nada» para el pastor que utiliza tu fe, resulta que serás «nada» para tus hijos cuando envejezcas, resulta que serás «nada» para el Universo cuando el tiempo te desintegre.

martes, 28 de octubre de 2025

Ceremonia profana

 


La mujer, respetuosa y perturbada, profanó la tumba aún caliente. Bañó con agua de rosas y vistió con traje nuevo al difunto. ¿Acaso el amor verdadero desafía incluso a la muerte?

lunes, 27 de octubre de 2025

Malestar (existencial)

 


Busca, pasivo, no encuentra aliento. Intenta sonreír, pero su agotado rostro se resiste. Desea una compañía, pero no hay quien quiera acercársele. ¿Puede ese ser humano existir? Al final, se rinde echado sobre su tumba. 

domingo, 26 de octubre de 2025

Café en la cita final

 


Cuando tu amiga la Muerte toque a tu puerta, traerá bajo el brazo un doloroso álbum de fotografías vacías —todas las memorias que viviste y las que no vivirías—. Le ofrecerás café agridulce en tu taza favorita, y entre sorbo y sorbo, ella te confesará: "Soy la única amiga que nunca te fallará, aunque siempre llegue tarde a tu cita final". ¿Acaso la mortalidad es el precio que pagamos por tener una amistad tan leal?

El ataúd

 

En nuestra familia, el mismo ataúd de roble ha servido para todos los funerales. Lo llamamos el cofre eterno. En su interior se guardan perdones que llegan tarde y susurros de confesiones fallidas. Tras cada sepelio, lo desenterramos, limpiamos y guardamos para el próximo. Hasta que un día, él se negó a usarlo: ___Prefiero que me cremen___, dijo. La muy anciana tía, ofendida, murmuró:___Es que no entiendes. Este ataúd no es para los muertos, es para que los vivos no olvidemos que somos una sola carne. ¿Acaso los objetos heredados son cadenas que nos atan a un pasado?

viernes, 24 de octubre de 2025

El chisme

El chisme nació en ese espacio sacro profano donde se confunden saludos con susurros. Era un virus que se transmitía de boca a teclado, dejando un regusto agridulce en el alma de los contagiados. Para cuando la verdad intentó defenderse, ya había difundido una completa radiografía con hueso perfectamente rotos que cada quien fracturó a su gusto. ¿Qué pesa más: la verdad o la mentira de boca a boca?


jueves, 23 de octubre de 2025

NOSOTROS LOS «NOS»

 

Pastoreaba ovejas cuando Ellos aparecieron, cubiertos de luz cegadora, y uno le preguntó:

—¿Nos amas?

—Sí, yo los amo —respondió sin dudar.

¿Acaso el amor divino es plural?

miércoles, 22 de octubre de 2025

El día termina

 


Encendió el vehículo aquella mañana lluviosa, sin imaginar cómo terminaría el día, ¿será que un suiche alegre puede encender una agria existencia? No lo supo hasta despertar en la sala del hospital y no tener a sus hijos a su lado.

martes, 21 de octubre de 2025

El diagnóstico



¿El diagnóstico fue su sentencia liberadora? Nunca se supo si al recibirlo lloró, ni qué escribió en el dorso del informe que quemó antes de irse. Tú decides si fue cobardía o valor.

domingo, 19 de octubre de 2025

Una moneda para comprar una madre cariñosa

Carlos, de siete años, jamás comprendió por qué carecía de eso que otros niños exhibían con naturalidad: una madre amorosa. Una tarde, sacó la moneda que atesoraba en su caja de madera —pequeño disco de plata que creía mágico— y decidió usarla para comprar lo que más anhelaba.

Corrió al hospital cercano a su casa y preguntó al vigilante:

—Señor, ¿dónde está la oficina para comprar una mamá cariñosa?

El vigilante, conmovido, lo guió a una habitación donde una mujer se recuperaba de un aborto espontáneo. Al escuchar el motivo de la visita, la mujer tomó la mano del niño entre las suyas —manos que horas antes habían acunado un vacío— y dijo con lágrimas brotando de sus ojos:

—Aquí me tienes. Pero ¿sabes lo mejor? No necesitas pagar nada, porque el amor verdadero es la única moneda que no se gasta en este mundo.

Carlos, por primera vez, sintió que su orfandad había encontrado un remedio. ¿Acaso el amor no es siempre un trueque entre dos soledades que se reconocen?