Abrió con entusiasmo la cartuchera de Spider-Man. El lápiz misterioso no estaba. Por segunda vez, la vacío por completo sobre el pupitre: solo había virutas, sacapuntas que se negaban a afilar y muchos soldados coloridos caídos por tantas batallas escolares vividas. A la tercera vez, con movimientos desesperados, solo encontró el vacío.
Fue entonces cuando lo supo: el lápiz misterioso nunca había estado en la cartuchera.
¿Y si el lápiz no se perdió, sino que se fugó para reescribir tu propia infancia?

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