"Tomó el lápiz que escribía no palabras y compuso como si un demiurgo lo observara desde una grieta en el cielo, esperando a que lo sorprendiera."
— Rodolfo Isaac Méndez, de «Acto méndeziano»
Déjate conducir entre el espesor transparente de tu transitar. El demiurgo que te lleva atado a su áspera mano está atento a cada paso ciego de tu lento andar y a cada explosivo pensamiento cargado de palabras densas, deseosas de manchar los caminos boscosos de vírgenes papiros.
¿Acaso el único destino del escritor no es perderse, una y otra vez, en el bosque de sus propias sombras, para regresar con las manos sucias de tinta y el alma llena de niebla?

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