El Dr. Número 5 administró 10 mg de la dosis «revolucionaria» por vía intracerebral. Pero cuando el niño señaló la ventana y preguntó: «¿Por qué el cielo es realmente azul y no rojo como me enseñaron en la escuela?», sintió una picazón extraña detrás de la oreja izquierda. Su chip de patria algorítmica emitía un sonido que no escuchaba desde hacía mucho tiempo: su propio corazón palpitaba por la emoción de una verdad prohibida.
¿Y tú, cuándo fue la última vez que una simple pregunta, prohibida por el algoritmo y el miedo, te hizo sentir el latido de tu propio corazón?

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