miércoles, 3 de junio de 2026

‎El pedacito de papel que nunca fue carta

 


‎El pedacito de papel está manchado de tristeza. 

‎Las palabras dibujadas en su piel sudan nerviosas tartamudeando decisiones; no verdades ni sentimiento, solo decisiones.

‎Desplanchado esconde su vergüenza detrás de la caja de cigarrillos, la billetera rebosante de facturas por pagar y los dos metros de soga que aún olían a piel y a esperanza estrangulada.

‎La mujer, frotando sus manos sudorosas, observa con firmeza la bolsa de plástico transparente sin siquiera prestar atención a las explicaciones del funcionario de turno. 

‎Ella no sabe qué pensar, no sabe qué declarar, no sabe cómo mentir. 

‎Devuelve la bolsa sobre el escritorio oxidado del funcionario. El papelito coquetea con sus ojos, la invita a que lo acaricie; manipula sin saberlo sus pensamientos. 

‎La mujer inhala un golpe de aire para llenarse de valor, recoge nuevamente la bolsa, abre el precinto de seguridad y con un movimiento brusco pero certero hace salir el diminuto documento.

‎Intenta estirarlo con sus dedos decorados con uñas color carmesí... se entera, entonces, del mensaje que la haría desvanecerse sobre el pálido piso de la comandancia policial: «Es un privilegio poder elegir el momento para decirte adiós».

‎¿Puede más la decepción que una promesa de amor?

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