Despertó y oyó una voz muda que le susurra: alguien te quiere envenenar. Se sienta a desayunar a tu lado y observa un gesto extraño en ti que confirma su sospecha. Sigilosamente se retira de la mesa y ve su imagen marchita reflejada en el oscuro espejo del comedor; su propio cuerpo le es ajeno. De inmediato siente insectos amorosos bailando debajo de su piel; ese es su poder especial para derrotar a sus conspiradores.
¿Acaso el peor veneno no es la realidad, y la locura, el único antídoto verdadero?

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