sábado, 29 de noviembre de 2025

El tercer clavo en el ataúd

 


¿Por qué clavas tres oxidados clavos en el ataúd de mi madre? —le pregunta Francisco al sepulturero.

—Para que su cuerpo incorrupto no salga —le responde, con rostro cálido-frío y el cigarrillo encendido en la boca.

Francisco, extrañado con la respuesta recibida, le pregunta nuevamente:

—¿Acaso piensas que mi madre es un zombi? Ella fue una cristiana entregada a Dios.

—¡No! —respondió el sepulturero, dejando descansar el martillo sobre el ataúd con olor a formol—, solo que hemos tenido reclamos de que los cadáveres que tienen miedo a morir se escapan buscando el consuelo en el más acá.

Francisco, desconcertado, dibujó la cruz sobre su frente —aunque nunca iba a misa y menos leía la Biblia— diciéndole al sepulturero:

—Por favor, coloca siete clavos más.

¿No seremos nosotros, los vivos, los que clavamos nuestros corazones en ataúdes de costumbre por miedo a vivir?

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