El chisme nació en ese espacio sacro profano donde se confunden saludos con susurros. Era un virus que se transmitía de boca a teclado, dejando un regusto agridulce en el alma de los contagiados. Para cuando la verdad intentó defenderse, ya había difundido una completa radiografía con hueso perfectamente rotos que cada quien fracturó a su gusto. ¿Qué pesa más: la verdad o la mentira de boca a boca?

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