El padre, un diablo negligente que negocia con wifi; cansado de berrinches y constantes llamados de atención, le entrega al niño un espejo negro que atrapa almas. Desde ese momento la criatura se fue hundiendo en el fango azufrado de los algoritmo, mientras el padre observando complacido en la orilla, pensaba que había comprado su tan deseada libertad. ¿El verdadero pacto fáustico no es con el diablo, sino con la comodidad?

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