sábado, 18 de octubre de 2025

Un aliento no contado

  



Adolf nació un 20 de abril de 1889 como una dulce y lujuriosa venganza humana de un demiurgo molesto con Dios. Ese fruto de la conspiración, sin saberlo, tejió con alambres de hierro y fuego un manto de oscuridad: atizó hornos crematorios y pisoteó corazones con la bota férrea de una ideología. En su noche final, bajo una luz tenue en el búnker, escribió su testamento en hojas pálidas —humilladas por la historia— donde redactó su más sincero arrepentimiento. Las páginas, manchadas con almíbar amargo de la tarta de manzana, (que acababa de degustar con té endulzado con siete cucharaditas de azúcar), fueron devoradas por una rata asquerosa: el mismo demiurgo, transmutado, que roía toda evidencia de perdón. ¿Puede existir el arrepentimiento cuando ni el universo quiere recordarlo?

No hay comentarios:

Publicar un comentario