martes, 30 de septiembre de 2025

Peluche

 


Cuando Francisco cumplió cinco años, su amorosa abuela le regaló un osito de peluche llamado Paco. Tenía ojos de botón de madera y una sonrisa cosida con hilo rojo. 

Lo que nadie sabía era que Paco no era un juguete común y corriente, era un confesor silencioso que gritaba verdades en susurros. 

Por las noches revelaba al oído del niño secretos que nadie debía conocer: «Tu papá llora en el baño porque mintió en el trabajo... Tu mamá sueña con huir a otro país...». 

Francisco creció creyendo que todos los niños tenían un peluche que les contaba verdades amargas. 

¿Será que los monstruos más peligrosos no viven bajo la cama, sino escondidos en nuestra inocencia?

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