miércoles, 17 de septiembre de 2025

Los malandros también tienen sentimientos


Lo llamaban el malandro. En el corazón llevaba tatuado el odio que no le pertenecía.

La misma mano que apretaba el gatillo sin remordimientos era la misma con la que acariciaba a Canela, su perra coja que le lamía las cicatrices como si fueran heridas sagradas. 

Un día, cuando guardaba en su chaqueta unos envoltorios de droga, consiguió una nota, estratégicamente escondida, que decía: «Papi te dibujé como mi superhéroe favorito». 

Entonces, sin control, brotaron lágrimas en huída de sus ojos. 

¿Acaso las lágrimas son la verdadera arma que derrumba a los hombres que el mundo juzga invencibles? 





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